Las calles de Buenos Aires y las de toda Argentina tienen a ciudadanos enardecidos, que exigen obviedades tales como el respeto a la propiedad privada, bastardeada por gobernantes corruptos e incapaces; el ajusticiamiento de una infame corte de jueces todopoderosos; juicios para cada uno de los responsables del desastre nacional; la defensa de la educación y la salud, violentadas por la quiebra del país; y condiciones mínimas para mantener o resucitar fuentes laborales. Un circuito financiero colapsado; góndolas vacías de mercaderías en los comercios; y familias desesperadas por urgencias que se multiplican, forman parte de la escenografía cotidiana. En fin, pesadilla argentina, que ningún argentino vislumbró, aún preso del más depresivo de los tangos.En la desoladora realidad, tres legisladores dieron en días recientes una nueva manifestación de insoportable estupidez. Y otra señal que explica el porqué de la devastación del país. En absoluto offside con la realidad, tres diputados de la Nación, todos peronistas, llamados Ricardo Quintela, Óscar González y Adrián Menem, se han pasado semanas, tal vez meses, elaborando un proyecto de ley para que la población argentina tenga todo el Mundial de Fútbol en sus pantallas, de facto, sin ningún tipo de privaciones, desconociendo millonarias inversiones de una empresa privada.La ignominia no es precisamente que legisladores se metan en cuestiones de la libre competencia comercial, un juego de derechos exclusivos impuesto en el mundo de los negocios televisivos, en los que nada tienen que hacer. Lo inaceptable en tres supuestos representantes del pueblo –del signo político de mayores responsabilidades en el agujero político, económico y moral que sufre el país– es que hayan dilapidado su tiempo en cuestiones de ínfima importancia para una población atribulada por angustias y necesidades.La intromisión oficial en los negocios privados no debe avalarse y sí denunciarse. La vista al costado y el gasto de horas y energías en temas de otras galaxias de parte de gobernantes y hombres con escaños en el Congreso Nacional, obligados a buscar soluciones para un pueblo que las exige imperiosamente, merece el mayor de los repudios. /Omar Méndez
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martes, 7 de abril de 2026 |