
Por TV con Alexis Núñez Oliva: ¿Qué es tener dudas?
El pasado septiembre un cable de la agencia AP explicaba que la red de suministro de electricidad de Brasil creó una reserva adicional para evitar un apagón nacional debido al último capítulo de la telenovela Tropical Paradise, producida por TV Globo. Se esperaba que más de 160 millones de espectadores sintonizaran el final y, de no tomar las medidas, podía colapsar la energía eléctrica.El momento crítico no era para cuando vieran la telenovela, algo que ocurre todos los días de manera similar, porque en los horarios picos la gente ve televisión, aunque sean otros canales. El conflicto podía venir en el instante que llegaran los cortes comerciales y el público, millones a la vez, tomara la decisión de calentar algo en el horno de micro-ondas o abriera el refrigerador.La influencia de las telenovelas en nuestras vidas no es sólo paralizar las actividades comunes para sentarnos frente a la televisión. Va más allá de volvernos “disciplinados” para asistir a la cita, todos los días, a la misma hora.El fenómeno, con más de cincuenta años al aire, interviene en gobiernos, servicios, actitudes, decisiones, organización y hasta en la elección de estudios superiores, motivaciones para conseguir objetivos, temores y formas de relacionarnos con todos y todo.Las telenovelas, además de construir ilusiones, de darnos la posibilidad de “vengarnos” del mal y de hacernos vencedores como cómplices del bien, crean moda para la decoración interior de los hogares, provocan la venta de determinadas plantas ornamentales que aparecen en las escenas y hacen que algunas frases pasen al vocabulario de un país.Esto explica por qué una madre en Costa Rica le puso a su hijo Sebastián, cuando el actor Jorge Salinas interpretaba un personaje con ese nombre en la telenovela Tres mujeres (Televisa) y era el galán deseado, y cómo en Cuba “Paladar” se le llama a cualquier restaurante familiar dentro de una casa, porque en la historia de Se vale todo, (TV Globo) la actriz Regina Duarte interpreta a una mujer que sale de la pobreza vendiendo comida en su casa con un negocio al que le puso precisamente “Paladar”.Las telenovelas, columna fundamental de cualquier televisora exitosa en América Latina, son también fuentes de crítica y elogio en las páginas de los diarios y en los programas de televisión, que llenan con ella decenas de espacios bajo la justificación del “análisis”, cuando el sustento es la certeza de que hasta hablar de las telenovelas es entretenido.En cualquier país, en una reunión con intelectuales suele aparecer en algún momento el tema de la telenovela. Aparentemente surge para cuestionar las que están al aire y presumir de no verlas, porque en ciertas clases sociales es “elegante” expresar que se está en contra de ellas y que además, se prefiere no verlas.Sin embargo, bastan unos minutos de conversación y uno puede comenzar a descubrir cómo quienes aseguran ser ajenos a las telenovelas, son conocedores perfectos de tramas, personajes, capítulos, historias, que van abordando en forma pausada y con la reiterada y falsa expresión de “el otro día estaba yo pasando los canales, y me detuve un momento en la telenovela esa que no recuerdo su nombre…”.Decir que uno ve telenovelas y decir que no las ve, parece dar un estatus, y eso ocurre precisamente porque las telenovelas forman parte fundamental de la vida de las personas. En ellas se cuenta siempre un poco de nuestras verdades, un poco de nuestras propias mentiras y es donde descubrimos nuestros propios temores, esos que pocos conocen, y luego asumimos ante los demás que son sólo historias de la televisión.El género telenovelas es el más influyente de todos los géneros que la televisión ha sido capaz de producir y es forma y fondo de todo lo que ocurre en la comunicación televisiva. Por supuesto que las telenovelas (novelas de la tele) encontraron el poder de la televisión, porque con su alcance y credibilidad, las hizo crecer a niveles nunca imaginados hace más de cinco décadas.Uno de los pocos cambios que han tenido las telenovelas, está en sus argumentos. Después de tantos años, mientras antes queríamos que nuestras vidas se parecieran a las de las telenovelas, hoy vemos muchas telenovelas que se parecen más a nuestras vidas. La televisión actual es una ventana de la realidad, y es el medio que con más éxito provoca una lectura mimética de casi cualquier acontecimiento.Ese mimetismo de la televisión provocó, después del nacimiento de la Infanta Sofía, una avalancha de registros de niñas recién nacidas en el mundo bajo el nombre de Sofía. Influyó, hace casi 33 años, para que a mi esposa le pusieran por nombre Verónica, porque su padre era un admirador desbordado de Verónica Castro, una conductora y actriz mexicana de telenovelas que causó furor por mucho tiempo a través de la televisión.Somos personas distintas, con nacionalidades e idiomas diferentes, pero las telenovelas nos demuestran qué tan comunes somos y sin ellas millones seríamos unos huérfanos abandonados, pidiendo en limosnas el entretenimiento que nos falta.Por Alexis Núñez OlivaProductor ejecutivo de Televisión Leer otros {Blogs del autor;www.produ.com/blog/index.html}. * Opine y sugiera al autor: {elblogde@yahoo.com}.
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martes, 7 de abril de 2026 |