
Por TV con Alexis Núñez Oliva: ¿Qué es tener dudas?
El impacto sentimental que permitió la televisión al trasmitir las palabras e imágenes de Ingrid Betancourt y otras 14 personas rescatadas por el ejército de Colombia, no lo consigue ningún otro medio.Cualquier buscador de Internet arroja cientos de artículos periodísticos y sitios que comentan la operación militar más asombrosa de este Siglo XXI hasta hoy. Las estaciones de radio se enlazan vía telefónica con los ex secuestrados, y los diarios y revistas imprimieron portadas con fotos de abrazos y euforia.Sólo la televisión pudo transmitir, en vivo, los gestos, los colores, la voz y la mirada de las víctimas que ponen en evidencia la crueldad despiadada de la guerrilla de las FARC y la importancia de la libertad individual, que no siempre valoramos cuando la disfrutamos.En el juicio público y cotidiano que hacen académicos y público para criticar a la televisión, acusándola muchas veces de tonta y exigiéndole que sea lo que no somos, debe incluirse también el agradecimiento por estos momentos que nos permite únicamente la televisión.Millones de televidentes en el mundo, a la vez, quedamos hipnotizados mientras veíamos y escuchábamos en vivo a Ingrid contar detalles del rescate, de su vida en cautiverio y de sus ansias para luchar por los que continúan atrapados entre la repugnante actitud de guerrilleros autoritarios a los que sólo la democracia mantiene lejos del poder.Noticieros y programas de casi cualquier género mantuvieron al mundo informado durante todos estos años sobre las gestiones, negociaciones y condiciones del cautiverio. Miles de horas de programación televisiva nos permitieron recibir en casa a Ingrid Betancourt como a un familiar cercano que injustamente permanecía secuestrada.Todos los que seguimos esta historia llegamos a tener la sensación de ser responsables un poco de su ausencia y la propia televisión nos hizo sentir la impotencia que se siente cuando no se puede actuar frente a la injusticia.Sin la televisión, esta historia de la vida real, nacida y criada en Colombia, a muchos les parecería lejana, ajena y hasta desconocida en algunos casos.Es la televisión, como ningún otro avance de las comunicaciones, quien permite a los colombianos asomar virtudes maravillosas de inteligencia, solidaridad y valor, más allá de la repetida imagen del narcotráfico y el cultivo de las drogas.Esta televisión es la misma que trasmite notas rojas, asaltos grabados, telenovelas, series, chismes de los espectáculos, música, intervenciones aburridas de políticos, denuncias de la gente que no recibe lo que necesita y las victorias y derrotas del deporte. Nuestra televisión sigue cumpliendo sus objetivos, aunque a veces tengamos deseos de desconectarla cuando algún contenido nos defrauda, porque tiene en toda su programación y en todos sus canales e idiomas, la compleja diversidad de la existencia humana.Ingrid Betancourt y los 14 rehenes liberados, junto a los que continúan encadenados en la selva colombiana, tienen mucho que agradecerle a los ciudadanos del mundo, a los gobiernos que tanto hicieron por ellos, a los militares que los rescataron, a todos los medios de comunicación, y en especial a la televisión.Por Alexis Núñez Olivaproductor ejecutivo de TelevisiónLeer otros {Blogs del autor;http://www.produ.com/blog/index.html} – {http://portv.blogspot.com/}* Opine y sugiera al autor: {elblogde@yahoo.com}
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martes, 7 de abril de 2026 |