TELEVISIÓN

Blog de Alexis Núñez Oliva: La realidad y la televisión (Parte II de II)

Lucas Robledo | 14 de febrero de 2008

Por TV con Alexis Núñez Oliva: ¿Qué es tener dudas?

A la televisión le pedimos lo que no somos, y lo que queremos para nosotros y posiblemente para el mundo, olvidando que el mundo es una realidad en la que poco participamos para cambiar las cosas, aunque quisiéramos cambiar la televisión.Somos nosotros quienes influimos en la televisión. Hoy nos “vemos” más en la televisión porque en realidad ella se parece más a nosotros.La televisión nos mostró los videos de la corrupción de Vladimiro Montesinos, el Jefe del Servicio de Inteligencia Nacional de Perú, que le costó la cárcel al ex presidente Alberto Fujimori. A través de ella vimos el inicio de la Guerra del Golfo, la invasión a Irak. Hemos visto los cadáveres de los inmigrantes mexicanos en el desierto y la deshidratación de sedientos balseros cubanosLas víctimas de los atentados en Israel o Colombia se siguen asomando hoy a la televisión, aunque el televidente viva en una cómoda mansión en Bahamas o sólo hable búlgaro.Los gobiernos democráticos dan peso a la televisión para que sea más plural y la usan para decirse más tolerantes. Los gobiernos autoritarios usan la televisión para politizar las sociedades y hablarles las 24 horas justamente de lo que no resuelven con tono de triunfalismo y sometimiento, ignorando su propia realidad.Sin la televisión todo sería leído y escuchado, pero no visto en movimiento. Sin televisión se perdería la memoria de un país y no habría recuerdo de cómo “sonaron y se movieron” los hechos. La televisión es capaz de hablar del pasado como si fuera presente, y hace del presente una maravillosa experiencia, porque lleva al televidente a lugares donde no estuvo, como si tuviera el televidente mil vidas, mil ciudadanías y contara con la capacidad de ser y vivir en muchos lugares al mismo tiempo.Las emociones de la imagen y el sonido, en combinación perfecta y casi real, hacen participar a los sentidos y provocan al televidente, sacándolo de su rutina e introduciéndolo en una atmósfera de emociones en cadena que nunca sabe hacia dónde lo llevará.La televisión puede emitir un mensaje y el televidente interpretar otro, porque la lectura que se hace de la televisión siempre depende del nivel social, económico y educativo del espectador y no únicamente del emisor como a veces se pretende denunciar. En ocasiones la televisión crea con el público un diálogo de sordos, donde una parte intenta el sometimiento de la otra, con amplia ventaja para que la victoria sea de la televisión.La forma, el color, el movimiento y el sonido: eso es la televisión. Logró reunirlo todo en el hogar y aparecerse en la intimidad del individuo, de la pareja, de la familia. Transformó para siempre el ambiente familiar y desplazó horas de conversación y de silencios por horas de televisión. Aún en el siglo XXI, con todos los adelantos en la tecnología, en la información, las personas comunes nacen, se desarrollan, mueren y… ven televisión.Decenas de decisiones personales y familiares, empresariales y de estado, judiciales y sociales, se toman a partir de la televisión, de sus programas dramáticos, de las actitudes de sus personajes, de sus revelaciones, de sus noticias, de las declaraciones de los protagonistas de la vida pública.Otro aspecto que contribuye al impacto y adicción de la televisión, es que sus protagonistas son las personas reales, tal y como las conocemos. Si alguien quiere acercarse al éxito con un programa de televisión, es imprescindible que muestre la diversidad de razas, costumbres y gestos de la sociedad a la que va dirigida la producción.Los noticieros suelen olvidar a la gente y exponen más a los funcionarios, políticos y famosos, alejándose del público, de las masas, porque la gente no se ve reflejada cuando no se tiene en cuenta su punto de vista como afectado o beneficiado por las noticias. Los políticos, funcionarios y famosos suelen tener valores de líderes de opinión, y en algunos casos sus atributos son aspiraciones, pero no se parecen a la mayoría, y eso provoca pérdida de la atención, creando la atención intermitente, y termina por aburrir.Una televisión autoritaria es aquella que se produce sin estudios y sin tener en cuenta las necesidades, gustos y exigencias del público y que parte de criterios excesivamente académicos o de grupos.La televisión debe de mostrar la realidad, en el entendido de que la realidad nunca será como la televisión, porque en la televisión intervienen factores que obstaculizan mostrar la realidad: hay un guión, luces, cámaras y personas que dan órdenes, dirigen, y eso no suele ocurrir en la realidad. En la realidad interviene el azar, la coincidencia. En la televisión debe de evitarse todo azar o coincidencia, toda improvisación, porque la televisión, en cualquier programa, puede prever lo que ocurrirá o cómo trasmitirá incluso lo imprevisto, cómo lo comunicará, mientras que en la vida real nunca sabemos si el próximo minuto será el último en que nos asomaremos a la televisión.Por Alexis Núñez OlivaProductor ejecutivo de TelevisiónLeer otros {Blogs del autor; http://www.produ.com/blog/index.html} – {http://portv.blogspot.com/}* Opine y sugiera al autor: {elblogde@yahoo.com}

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